
Coherencia tontorrona
31 Marzo, 2004Me muevo entre los límites de la coherencia y la cabezonería. Si por casualidad digo “Coño, pues a mí, Marujita Díaz, me la pone morcillona”. Es evidente que no estoy bien de la cabeza o de la vista, pero yo seguiré en mis trece aunque me haya dado cuenta inmediatamente de mi error.
Pues eso, no sé si ayer noche fui coherente, cabezota o simplemente un borracho cuando me pasó lo siguiente. El caso es que un martes por la noche decidí salir con unas amigas asturianas y otra navarra que conocí este año en la Universidad. Fuimos a un típico bar barcelonés donde la gente no va a pasar un buen rato como propósito general: van a emborracharse, y si encima se lo pasan bien, pues de puta madre. Asi que un martes a la una de la madrugada, cojo un taxi dirección a mi casa, con mis amigas. Éstas se ponen a hablar con el taxista y por el acento descubren que es de León.
- Ah, yo soy asturiana!
- Y yo de Navarra!
Y claro, el taxista me preguntó:
- Y tú, majo, de dónde eres?
A lo que, para no sentirme desplazado, contesté:
- Soy galleguinho, de Monforte de Lemos (pueblo que conozco porque tengo unas grandes amigas allí).
Debí hacer tan bien mi interpretación que el tío se quedó encantado, porque su mujer era gallega, de un pueblo próximo a Monforte. Lo que no tuve en cuenta es que mis amigas bajaban pronto y yo me quedaba con el taxista como 20 minutos a solas. Durante milésimas de segundos mi mente se dabatió entre la opción de seguir hablando gallego o romperle el corazón a aquel pobre hombre ilusionado.
Así que me tiré todo el trayecto hasta casa hablando de La Costa de Morte, que nunca he visitado (”Mira que he visto acantilados en mi vida, pero como los de la Costa de Morte, ninguna, eh?”), de Muxía (”Pues sí, yo estaba allí cuando Tele5 retransmitió las campanadas hace dos años”), de política (”Yo en Galicia era un activista anti-PP bastante conocido; una vez me desnudé delante de la sede del Partido Popular de Santiago de Compostela”), y mil anécdotas inventadas más.
El punto (más) sureralista del trayecto fue cuando me llamó un amigo con el que siempre hablo catalán: “Mira, Rogerinho, ahora mismo estaba hablando de los buenos ratos pescando percebes, con un amigo. Oye, que luego te llamo”.
No cabe decir que Rogerinho, que vive cerca de Girona, alucinó en colorines, igual que yo al recordar el trayecto en taxi al día siguiente.

