
Me hago mayor
25 Mayo, 2004Uno se da cuenta de que ha dejado la adolescencia para entrar en la madurez de diferentes formas. Por ejemplo cuando no se disimula cuando algún familiar cuenta un chiste verde: “Jajaja, ¿lo ha pillao, abuela? ¡La tía se lo había tragado todo!”. Es curioso cómo de viejo uno regresa a la adolescencia, porque ante un chiste verde suelen ser ellos los que se hacen los despistados, aunque por dentro deben estar pensando “No tenías tú pelo en los huevos que yo ya follaba como una loca”.
También nos damos cuenta que hemos crecido porque solemos advertir un augmento de nuestra religiosidad. Un ejemplo. Tenemos 10 años y entramos de noche a la habitación de papi y mami y están en una posición horizontal, uno encima del otro en sentido inverso el uno del otro. “Papi, qué haces?” “Eeeh esteeee… vuelve a la cama… no pasa nada… es que… a mami… le estaba… dando… un infarto! Sí, un infarto! Y la estaba eesteeeee… curando!”. Y te vuelves a la cama convencido de que papi estaba curando a mami. Una vez eres mayor y ves tan dantesca situación, te vuelves a tu habitación con lágrimas en los ojos y rezas “Por favor, Dios mío, que sea cierto que a mami le estaba dando un infarto!”. Lo que sea antes de admitir que hsa visto a tus padres fornicando.
Pero hoy me he dado cuenta de otra forma de hacerse mayor: cuando ves que los juguetes con los que se entretienen los niños son demasiado para ti. Supongo que a mis padres les pasó cuando se puso de moda la videoconsola (”con lo bien que nos lo pasábamos antes con una simple pelota…”). Y es que hay unos juguetes que se llaman “Pestoncios“. Se trata de unos muñecos que al apretarlos despiden olores, según su propia publicidad, repugnantes. Así, podemos encontrarnos con los diferentes modelos: Luis Pesteapis, Carlos Tirapedos, Josete Tevomito, Joaquín Sudorín, David Estercolero, etc.
¿Qué está pasando?