Archivo de Noviembre 2004

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Berberechos Con Nocilla

24 Noviembre, 2004

Tras conocer los inicios de los Capeatles, la redacción de PajasMentales publica el egundo de una serie de tres capítulos sobre esta fabulosa banda de mie… de rock.

2. Berberechos con Nocilla

Muy pronto (sobre las 7 de la mañana) los Capeatles ya se habían convertido en un trío: John Cappon, Paul McCapo, George Capisson y Ringo Scapp (Capisson y Scapp eran muy bajitos, por lo que los dos juntos contaban como una persona).

Empezaron a tocar en un garito de mala muerte llamado “The Capern”. Pronto (sobre las nueve), un tipo judío llamado Leg Umbre se fijó en su forma de tocar, en especial la de John Cappon, que era muy cariñoso, y cuando hablaban siempre le tocaba el pelo. Fue el propio Umbre el que consiguió que los Capeatles fueran contratados por una multinacional: Nike. Los envió a África, a una fábrica de zapatillas, para que con lo que cobraban se pudieran grabar su propio disco. Doce años después, John, Paul, George y Ringo volvían a su Liverpool natal para grabarlo.

Se encerraron en un estudio durante cinco días. Al final, tuvieron que salir, con avanzados síntomas de desnutrición. Volvieron a encerrarse, esta vez con comida dentro. No tardaron en salir a buscar agua. Días después ya habían grabado su primer disco: “Berberechos con Nocilla”.

Llegaron al número uno de todas las listas, incluso en la lista de la compra de muchas amas de casa. Fueron, de la noche a la mañana, un grupo que movía auténticas masas, concretamente de pizzas: Leg Umbre les metió a trabajar en un Telepizza para pagarse su segundo disco, al que titularon “Segundo Disco”, en un alarde de genialidad e imaginación.

Su popularidad fue creciendo en tamaño, igual que sus fans (la culpa la tuvo unas chocolatinas que comercializaron con el nombre del grupo, y que causó verdaderos problemas de sobrepeso en los fans). Los Capeatles hicieron varias películas (Leg Umbre, para que pudieran grabar su tercer grupo, los metió a trabajar en una fábrica de negativos de celuloide para cine), conocieron a Elvis y a Bob Dylan, y a los Capping Stones; se iniciaron en el mundo de las drogas (para grabar su cuarto disco, Umbre los convirtió en camellos), y finalmente, a mediados de los 60 grabaron la que sería su gran obra maestra: “Seargent Cap0’s Little Penis Club Band”. Dicen que si escuchas el disco al revés puedes coger un verdadero dolor de cabeza.

Pero todo no era un camino de rosas. Pronto, John Cappon conoció a su esposa japonesa Yokap0 Ono, que empezó a tambalear los cimientos de los Capeatles. Literalmente: compró una demoledora y se dedicó a ir derrumbando las casas de los otros Capeatles.

Pero eso lo veremos en la tercera y última entrega de este monográfico de los Capeatles.

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Los Capeatles

18 Noviembre, 2004

Muy poca gente recuerda a los Capeatles, uno de los mayores grupos de la historia. Miles de personas dan fe de eso (claro que hay millones que dan fe de que un hombre con pinta de hippie convertía el pan en peces y el agua en vino). Según las palabras del propio Javier Retortillo, cuñado del albañil que le puso los azulejos de la cocina al crítico musical Joaquín Wowow-tu-y-yo-lo-sabíamos Luqui, “los Capeatles no sólo eran buenos músicos, sino que esto es mentira”.

Hoy, a 40 años de su primer disco “Berberechos con Nocilla”, Pajasmentales rinde homenaje a este gran grupo musical, con una serie de monográficos sobre el tema.

1.Los inicios

Los inicios de los Capeatles son, básicamente la C y la A. La P está también bastante al inicio, pero ya estaría dentro de lo que, en términos musicales, se entiende por “enmedio”.

Corría 1945. De hecho, corría tanto que no tardó en llegar 1946. John Cappon, líder de los Capeatles, nació durante ese año. Fue un parto largo: nunca antes nadie había nacido durante todo un año. Tuvo una infancia muy corta. A los 3 años, John Cappon ya tenía pelo en las axilas y un incipiente mostacho. A los 5 ya se había divorciado tres veces y asesinado a dos ex esposas. A los 8 ya decía frases como “cuando yo era joven”, “como se nota que no habéis vivido una guerra” o “creo que me he cagado encima”. El dinero nunca fue un problema en la casa de los Cappon (el verdadero problema era la madre de John, apodada “Mamá”, aunque su verdadero nombre era “Madre”). El padre de John, Papá Cappon, era un reputado compositor. Su mayor hit fue la melodía de la megafonía del Carrefour, y cobraba verdaderas fortunas cada vez que un niño se perdía en el centro comercial y se anunciaba por megafonía.

Pronto la vida le daría el primer palo a John: un palo de auténtica madera de roble. No estaba mal, para empezar.

A los 18 años, dos hechos cambiaron la vida de John: su primera operación de cambio de sexo (llegó a operarse 6 veces; un tipo indeciso) y su primer instrumento musical: la zambomba. Le encantaba la zambomba. Todo el día estaba dándole a la zambomba. Arriba, abajo, arriba… Se tiraba horas en su habitación tocando la zam… Basta de eufemismos: John era un puto pajillero. Y fue su afición a la zamb… a las pajas lo que le unió a Paul McCap0. Solían compartir largos ratos dándole al manubrio, intercambiando tácticas para llegar al orgasmo. De ahí la afición de John de tocar la guitarra con uñas rojas postizas, o con un guante de crin.

Un día de lluvia estaban John y Paul dándole al tema cuando llegaron al clímax simultáneamente. Ambos gritaron de placer al unísono y descubrieron que sus voces empastaban perfectamente, igual que las cortinas, que utilizaban para limpiarse después de las faenas y ya empezaban a empastarse también.

Fue entonces cuando decidieron dedicarse a lo segunda cosa que se les daba mejor: cantar.

Próxima semana: La grabación de su primer disco.

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Aventuras de cap0 en la cocina

12 Noviembre, 2004

Ha sido horrible. He pasado miedo. Mucho miedo.

Llegué a casa esperando que, tras una semana fuera, mis compañeros hubieran hecho limpieza. Sí, ¿qué pasa? También llegué esperando que una rubia monumental me esperara en mi cama y me dijera “Ojazos tienes, ladrón” y se me tirara al cuello (quien dice al cuello, dice… otras cosas).

Llegué y no había nadie. Mis compañeros de piso (Opus-man y el increíble hombre Facha) se habían ido a sus respectivas casas a pasar el fin de semana. Así que me quedé en gayumbos y fui a la cocina a hacerme la cena. Pero quiso el destino que tropezara con una silla y cayera de bruces al suelo. Y así he pasado los últimos cinco días: la capa de roña me dejó adherido al suelo sin posibilidad alguna de moverme.

Muchos dicen que las cucarachas son seres desagradables. Yo conozco presentadoras de Gran Hermano mucho peores. Esta horrible experiencia me ha servido para comprender que las cucarachas son unos seres muy inteligentes. Más que los humanos. Nosotros podemos tirarnos años y años para hacer una vía de tren de alta velocidad que una Barcelona con Madrid, pero las cucarachas, en cuestión de minutos, habían montado una autovía que pasaba justo por el centro de mi cara, adherida al suelo. Cientos de insectos crujientes han tomado estos días la C-21, que es como denominaron a la vía de circulación por mi cara.

Es curioso cómo la mugre atrae todavía más mugre. En cuestión de horas yo estaba recubierto ya de una capa de grasa que hacía difícil diferenciarme del tono mierdoso del suelo. De hecho, ayer llegaron mis compañeros y entraron a la cocina, y en seguida grité en busca de ayuda.

-¡Socorro! ¡Ayuda!
-¡Opus-man! ¡El suelo está hablando!
-Vaya… Ha vuelto a pasar…

Si tardo en escribir quizá sea porque he vuelto a entrar a la cocina a hacerme una tortilla. Siempre me han gustado las emociones fuertes.

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Mastercasa

1 Noviembre, 2004

Billete de tren Salamanca - Barcelona: 50 €.
Café con leche dentro del tren: 2 €.
Llegar a la estación y que lo primero que le digas a tu madre sea: te podrías haber arreglado un poco pa recibirme, no tiene precio.

Cremas para la cara: 5€.
Sesión de rayos UVA: 8€.
Que tu hermana venga del salón de belleza y gritarle: No hay derecho, que te devuelvan el dinero!, eso no tiene precio.

Calabaza: 4€.
Disfraz de vampiro: 22€.
Que recién levantada, mires a tu madre de arriba a abajo y le digas “¿Desde cuándo se celebra aquí Halloween?”, no tiene precio.

Volver a ver a la familia, con la alegría que me caracteriza, eso no tiene precio. Para todo lo demás, Mastercard (la de mi papi, que es el que me está pagando la estancia en Salamanca).