
Felices Años Nuevos
31 Diciembre, 2004Felices Años Nuevos, así me ahorro felicitaros el año que viene, que tengo muy mala cabeza pa estas cosas.

Felices Años Nuevos, así me ahorro felicitaros el año que viene, que tengo muy mala cabeza pa estas cosas.

Parece mentira que con la moda de lo políticamente correcto debamos decir “personas de color” a los negros, “persona de mirada distraída” a los bizcos y “periodistas del corazón” a los hijoputas. Sin embargo nadie parece quejarse de que al premio de Navidad se le llame el gordo y no “el premio obeso” o “premio de constitución gruesa”.
Todos los años para estas fechas pasa lo mismo: mi madre se sorprende del número que sale premiado.
- ¡Uy, qué número más feo! Vamos, si me lo regalan no lo cojo.
Si no fuera porque es mi madre y en el fondo le guardo algo de cariño, le hubiera dicho: “Si todos tuvieran esa mentalidad, tú no te hubieras casado”. Pero me tengo que callar.
He estado meditando y quiero que me toque la lotería. El dinero no lo quiero, pero me encantaría que me entrevistaran en la puerta de la administración. ¿Qué es eso de “lo que voy a hacer con este dinerito es tapar agujeros”? Odio los tópicos. A mí me produciría un gran placer (un POSÍ) poder decir algo como “pues con el dinerito que me he ganado me voy a ir de putas, y le voy a comprar a mi señora un billete de ida a Cancún”, o “Lo voy a dedicar a financiar células terroristas que acaben con la vida de Bunbury y Ramonchu García“.
Pero, una vez más, la fiebre de lo políticamente correcto me impide realizar mi sueño. Propongo que por un día seamos políticamente incorrectos, a tomar por culo.
- Me cago en los muertos de Santa Clauss y ojalá le encule un reno.
- La virgen María no era vírgen: era mas puta que las gallinas.
- La Navidad no es sinónimo de alegría: quiere decir ‘mala leche por volver a ver a la abuela, que a ver si la espicha y nos deja una buena parte de la herencia’.
- Los villancicos son una mierda, y me cago en la madre del dueño del Anís del Mono, por incitar a cantar villancicos mientras con un cuchillo se rasca la botella de anís.
- Y si os regalan la Playstation estas Navidades, no voy a sentir una envidia sana: ojalá os explote en las manos.
Qué agusto, firgensanta.

Me he tirado medio año buscando curro de lo que fuera, sin éxito, hasta hace cuatro días, fecha en la cual empecé de nuevo en la empresa donde antes había estado. Dos putos días después de empezar a currar me llega otra megaoferta. Os explico de qué trata, a ver si me podéis ayudar.
Digamos que mi sueño es, por ejemplo, ser un gran maestro en el arte de hacer gazpacho. Me he preparado durante cuatro años y logré entrar en una gran compañía gazpachera en la que ahora mismo estoy tabajando. Es una empresa gazpachera con una gran proyección en Cataluña y mucho prestigio entre los entendidos en gazpacho, si bien fuera de Cataluña su gazpacho no es muy conocido. Recientemente, esta empresa ha conseguido vender su producto a nivel nacional, creando una gran expectativa. El problema, o no, es que mi trabajo en dicha empresa es seleccionar los mejores ingredientes del mercado para luego pasárselos a los cocineros, y estos son los que realizan el producto.
Pues bien, ahora me llega una oferta de otra empresa de gazpacho, mucho más grande (de hecho, casi una multinacional), también con mucho prestigio en algunos de sus gazpachos, si bien otros han resultado horribles al paladar. Me pagarían mucho menos durante los primeros 3 meses (40.000 pesetas al mes, con lo que ni me llega para alquilar una habitación, puesto que esta empresa está en Madrid). La gran ventaja de esta oferta es que, aunque cobrando una miseria al principio, estaría de cocinero, codeandome con los mejores chefs del sector. Cuando pasen los tres meses, si les ha gustado mi forma de preparar el gazpacho, pasaría a ser un Gran Chef y cobrar mi buen sueldo.
Sin embargo desde pequeño mi sueño ha sido trabajar en la empresa primera, la que está a punto de expandirse. En definitiva, en la que estoy ahora, aunque sólo seleccionando ingredientes. Pero por otro lado, la multinacional me ofrece un buen puesto, y un buen prestigio.
¿Vosotros qué haríais?
Joer, dos posts serios en menos de una semana. No volverá a suceder ;)

Posí no es sólo el nombre del friki más bizarro de la televisión. Posí, desde ayer, tiene un nuevo significado para mi. Posí son las iniciales de un fenómeno que ocurre en lo más hondo de mis entrañas (no confundir con los retortijones pre-diarreicos). Posí significa Placer Orgásmico Sin Introducirla. Posí es una forma de vida: son todas aquellas situaciones que le provocan a uno un placer intenso, sin necesidad de mantener relaciones sexuales o, en lenguaje médico, sin necesidad de mojar el churro. El P.O.S.Í. es una forma de vida.
Descubrí la existencia del POSÍ ayer en el autobús, de camino a casa. Al lado mío había una señora con su hija pequeña, un ser repelente con chándal de Minnie Mouse que se tiró diez minutos jugando con sus muñecos extraídos de un huevo Kinder en el respaldo de mi asiento, dandome golpes en mi nada despreciable melón que tengo por cabeza en varias ocasiones. Entonces el bus llega a mi destino, y sorprendentemente Mamá Pánfila y su adorable hijita la Adorable Jennyfer también se levantan para bajar. La niña se pone de puntillas, bajo el botón de “Solicitar Parada”, diciendo:
- Dejame a mí, mami, dejame a mi, yo, yo, yo quiero apretarlo, yo quiero, dejame a mi, dejame a mi…
Y en el momento en que, haciendo un esfuerzo sobrehumano poniéndose de puntillas, está a punto de llegar al botón, alargo el brazo y soy yo el que lo pulsa.
Eso es un POSÍ: el placer que obtienes al ver la cara de gilipollas que se le ha quedado a la niña, que tenía todas las ilusiones en apretar un simple botoncito. Igual le he causado un trauma a la niña y acaba en la calle prostituyéndose y drogándose, o incluso acabe siendo funcionaria.
Pero, ¿y lo que me he reído?

De vez en cuando (afortunadamente, muy de vez en cuando), me apetece distanciarme un poco del tono de este weblog para explicaros cosas sobre mí, que realmente me hacen ilusión.
He vuelto. La aventura salmantina ha durado menos de lo que pensaba. Ayer me despedí de mis amigas, las cucarachas, con las que había hecho tantas migas. Pero no me he ido del todo: seguiré una vez por semana hasta que acabe el master. El resto de la semana me quedo en mi Barcelona, donde curraré de nuevo de lo mío. Antes de un mes mi nombre saldrá por primera vez en televisión (si no me ponen en los títulos de crédito, me pondrán al día siguiente, por asesinato a un poderoso productor ejecutivo).
Comenté tiempo atrás que estaba escribiendo una obra de teatro. Pues bien, acabé de escribirla y ya se está ensayando. Estrenaremos en Junio, y estáis todos invitados (ase denota cierta obligación a aceptar la invitación, ya que es bastante chungo actuar ante una sala vacía).
Y por lo demás, todo igual. Ya tengo mi ordenador conmigo, con mi conexión a internet, y podré postear (casi) a diario, como antaño. Así que, dejo de aburriros más, que esto de hablar en serio se me da muy mal.
Salú!

Mucha gente cree que las siglas de RENFE significan REd Nacional de FErrocarriles. Sin embargo, yo creo que corresponden a Revolucionarios ENojados en un FErrocarril.
Hace cuatro días subí en un tren rumbo a Madrid, para luego, desde allí, ir a Salamanca. A la hora de viaje, se para el tren. Nos dicen que hay problemas técicos. Hora y media después, nos dicen que un autobús nos llevará hasta Lleida, y allí cogeremos el AVE hasta Madrid. Llegamos a Lleida y vemos como en el horizonte el AVE acaba de irse. Nos dicen que tendremos que esperar en la estación hasta que llegue el tren que dos horas antes habíamos dejado estropeado.
Es en este preciso momento mágico en el que puedes ver a una dulce abuelita de 85 años gritando a una empleada de RENFE: “Maldita zorra, vas a desear no haber nacido”.
En estas circunstancias extremas, todos sacamos el revolucionario que llevamos dentro. Nos reunimos en grupitos para ir encendiéndonos unos a otros, y planificamos la estrategia:
- Pienso ir a las taquillas y exigir que me devuelvan el importe del billete.
- Pues yo voy a robar los auriculares que nos dan para oír la película.
- Lo que tendríamos que hacer es ir entre todos, coger a la azafata y violarla repetidas veces.
- Paco, cortate, que está tu mujer ahí…
Cada cinco minutos aparece un nuevo empleado de RENFE para darnos información. Los revolucionarios corren hacia ellos:
- ¡Aaaaah, tunantes! ¡No nos engañaréis! Vuestro plan es dejarnos en esta estación hasta morir por inanición, verdad?
- ¡Lo sabía! ¡Mi Paqui va a ser la única que sobreviva, ya que lleva años engordando como una foca! ¡Tiene provisiones para varios meses!
- A ver, señores, cálmense… El tren llegará a las 12:45…
- ¡Ajá! ¡Antes dijo que llegaría a las 12:40! ¡Camaradas! ¡Nos están engañando!
- ¡Linchémosle!
- ¡¡Ueeeeeeeee!!
Y cuando empezaba a estar orgulloso de ese sentimiento de compañerismo, esas muestras de solidaridad con los demás, llega el tren y se oye:
- Esperemos que no hayamos causado demasiadas molestias. A modo de disculpas, RENFE les obsequiará con un piscolabis y con el pase de la película “La vida es una tómbola”, de Marisol.
Los revolucionarios cambiaron de cara, y hasta alguno aplaudió.
- Al menos han servido de algo nuestras quejas.
Qué barato se venden: una bolsa de cacahuetes y una película de Cine de Barrio…
Lo más surrealista, y juro que es cierto, fue cuando alguien dijo:
- Tengo la negra… Ayer se va la luz en el aeropuerto del Prat y hoy se estropea el tren.
- Me cago en mi calavera… Entonces el gafe es usted. ¿No podría haber cogido otro tren?
- Señora, aquí la gafe será usted.
- Yo no he estropeado un avión y un tren.
- Toma, ni yo…

Tercera y última parte de la biografía de los Capeatles, esa banda de rock que cambió la historia mundial. Hoy: su disolución.
A finales de esa década los Capeatles tenían todo lo que un hombre podía desear: sexo a diario y un grifo de cerveza en el dormitorio. Aparte de eso, cosechaban un éxito mundial. De hecho, eso no era lo único que cosechaban los cuatro Capeatles. A finales de 1968 fueron detenidos por cosechar drogas ilícitas en su jardin.
En esa época fue cuando Paul McCapo confesó su adicción a cierto tipo de sustancia: las uñas. Se mordía las uñas constantemente, las de ambas manos, ambos pies, las de la espalda (otro día explicaré el viaje de McCapo a Chernobyl)… Llegó hasta tal punto su adicción que se vieron obligados a dejar de hacer giras, ya que McCapo se comió las uñas de George Capisson, impidiéndole tocar su guitarra.
Muchos teóricos de los Capeatles, o al menos uno bajito, calvo y con gafas, aseguran que son varias las canciones que hablan de uñas, encubiertamente, en la discografía de los Capeatles. Por ejemplo, en “Soy adicto a comer uñas y me odio a mí mismo por ello” se intuye cierto aire de culpabilidad, que, dicen, podría estar relacionado con la adicción de McCapo. Pero esto no son más que conjeturas. Conjeturas y el petardo que me he fumado.
La carrera de los Capeatles se fue empañando con la aparición de la amante japonesa de John Cappon: Yocap0 Ono. Se conocieron en una exposición de arte, y cinco minutos después ya estaban fornicando en el guardarropas. Lo cierto es que Yocap0 cada vez se involucraba más en las grabaciones. La gota que colmó el vaso fue una que provenía de una botella de agua. Yocap0 Ono no calculó bien la capacidad del vaso, y esa gota lo colmó. En ese preciso Paul, George y Ringo, que ya no aguantaban más, estallaron. Lo pusieron todo perdidito de sangre.
Aquí concluye la historia de este gran grupo de rock, del que todos sin duda recordamos una o ninguna de sus canciones.