…y su función en la tierra es que te cagues en él. Y yo soy su profeta en la Tierra.
Ayer tuve una iluminación divina. Divina de la muerte, ochesss. Ayer tenía una cena de bloggers con los de siempre. El caso es que nunca soy puntual en reuniones sociales (así me va). Llegué tarde incluso a mi nacimiento (lo sé porque mi madre siempre me dice que soy retrasado, así que tiene que ser eso). Pero ayer me dije “hoy voy a salir antes”. Era un plan brillante: salgo antes, llego antes. Sencillo a la par que efectivo.
Pero no. No es tan fácil. Cojo el coche, tan tranquilo, y cuando voy a salir del párking, una multitud de gente se concentra delante de la puerta. En seguida comprendo lo que está pasando: gente, redobles de tambores, fanfarrias… No hay duda. Carlinhos Brown está haciendo una rúa. Pregunto, y me dicen que no, que es que está pasando una procesión de Semana Santa. En momentos como estos, no puedo más que comprender a Judas por traicionar a Jesucristo. ¿Es pa matarlo o no es pa matarlo?
A los cinco minutos, veo a un Cristo arrastrado por 12 fieles, que lo llevan a hombros. Lo primero que me llama la atención es que es el primer Cristo que veo con abdominales, cual Jerjes de 300. Y en ese momento, para recochineo, se paran a descansar, justo delante mío. No puede ser. Me indigno. Algún imbécil de la procesión se gira y sonríe al verme puteado, parado, y llegando tarde a mi cita. En ese momento, mi cerebro maquina una venganza.
Como la procesión se sigue con mucho silencio, decido que lo mejor es hacer ruido. Contemplo la idea de tocar el cláxon, de cantar una saeta porno o eructar con todas mis fuerzas. Pero finalmente se me ocurre mirar los CD’s que llevo en el coche. ¿Qué puede molestar más? Mmmh, Los Ramones… Igual esto puede funcionar… Sigo mirando. Beatles… No es el momento. Rufus Wainwright… A juzgar por las abdominales de Nuestro Señor Cristo Gay, deduzco que no es buena idea. “Por favor, Dios, si existes, ilumíname para poder putearte, a tí y a tus fieles”. Y entonces, una iluminación: Extremoduro. Gracias, Señor. Pongo el CD en el reproductor y voy directamente hasta la canción Jesucristo García y subo el volumen.
“Cooooooncreteeeeé, la fecha de mi mueeerteeeee, con Sataaaaaán!”
Las reacciones no se hacen espererar. La gente se gira, algunos boquiabiertos, mientras yo muevo los labios, impasible, canturreando la canción. Antes de llegar al estribillo, tengo a un Mosso d’Esquadra junto a mí.
- Hola, buenas noches.
- Hola, qué tal.
- Verá, tendrá que apagar la música.
- ¿Y eso por qué?
- Como se habrá dado cuenta, hay una procesión en la calle, y podría resultar una falta de respeto.
- Ya. ¿Y no es una falta de respeto que yo esté aquí parado, sin poder moverme, porque nadie me ha avisado que iban a cortar la calle?
- Tiene razón. No estaba previsto que la procesión pasara por esta calle.
- Más a mi favor. Además, técnicamente, no estoy en la calle. Aún estoy dentro del párking.
- No va a quitar la música, no?
- No.
- Bien, déjeme que consulte con mis compañeros a ver si procede multarle.
Aquí me asusté un poco, pero me dije: qué coño, que me multen. Tenía curiosidad por ver el motivo de la misma: “Escuchar Extremoduro en una procesión religiosa”. La idea me gusta tanto que me envalentono.
Se acaba la canción y selecciono otra.
“Me acuerdo de tiiiiií… Me cago en tus muertoooooooos”.
Sí, amigos. Soy un puto DJ de la ofensa. La gente empieza a escandalizarse. Al poco vuelve mi amigo el Mosso-
- Mire, señor. No puedo multarle, pero le pido por favor que afloje la música.
Estoy a punto de ceder, pero veo a unas cuatro o cinco señoras mirándome, desde la procesión, con cara de odio y diciendo que no con la cabeza. Y sigo en mis trece.
- No, voy a seguir escuchándola.
- No puede al menos subir las ventanillas?
- Sí, pero es que tengo calor.
El policía se va, odiándome, y la procesión sigue. Las señoras me miran aún con más odio, mientras una de ellas grita: “Ya esta bieeeen, ya estaaaaá bieeeeen”. Pero yo, inconformista como soy, pienso que no está bien aún y subo más el volumen. Las señoras deciden irse.
Llego tarde igual a la cena, pero con mi orgullo intacto, y una sensación de victoria impresionante. Lo mejor de todo esto es que no recuerdo haber grabado un cd de Extremoduro, y allí estaba, en mi coche. Gracias Señor. A partir de hoy creeré un poquito más en tí.