Cada vez que descubro un nuevo farsante, me hierve la sangre, pero por
otro lado, me alegra porque tengo una nueva vía de escape para canalizar todo mi odio por, supongo, el hecho de no mojar el churro. Por eso cuando, hoy, he leído la columna de Bob Pop en el “diario” Público he dado gracias a Dios, y he mandado un SMS a Lucía Etxebarría que decía: “Te voy a dar unos días de vacaciones, so puta”.
Bob Pop desprende modernidad y gafapastismo en cada palabra que escribe. Por eso le he pedido que escribiera algo para PajasMentales. Obviamente, no ha querido, porque el nombre del blog le parecía “soez, poco cool y demodeé“. Por eso he fichado a su primo, Bob Popper, más moderno que él, y bujarrai declarado (bujarrai es un acrónimo de ‘bujarra’ y ‘jarrai’, la facción más dura del movimiento gay).
Su primer artículo es una breve reseña sobre la noticia más importante de esta semana. Os dejo con el maravilloso y modernísimo “Barajas revisited”.
Barajas revisited, por Bob Popper
Si algo nos ha enseñado el arte multisensorial de Isabel Coixet (me niego a llamarle simplemente “cine) es que llorar está totalmente out. Basta con mirar al infinito, con los ojos entrecerrados, mientras suena una canción de, por ejemplo, Damien Rice, para expresar la tristeza. Las lágrimas vertidas por los familiares de la catástrofe de Barajas son un insulto al buen gusto estético. Y no me hagáis seguir hablando de estética, porque si Richard Rogers, el genial arquitecto que diseñó la T-4, viera la invasión de chándals y camisetas de “Bar Paco” que habita en su obra magna de tintes emo-core, se suicidaría poniéndose un disco de Hombres G en modo repeat all.
Mención aparte merecen los responsables de TVE, cuya mise-en-scène del accidente fue deplorable. El material era bueno, pero la dirección dejó mucho que desear. ¿Una columna de humo negro sin un fondo musical de Leonard Cohen? Oh, Dios, ¿quién dirigía eso? ¿Los hermanos Farrelli? ¿Y por qué una tragedia de semejante calibre fue grabada en color y no en blanco y negro? Me daba la sensación de que se trataba de un vulgar trabajo de Valerio Lazarov, y que de un momento iba a aparecer un cuerpo de baile semidesnudo. Las ‘tragediettes’, o algo similar.
Está claro que somos un país de palurdos, y que no nos merecemos desgracias de este calibre, porque no sabemos aprovecharlas.



