Lo tengo claro. Voy a cambiarme el nombre. Lo vi claro el otro día, viendo la tele, cuando apareció una noticia del exjugador de baloncesto Chichi Creus. Pensé: “Chichi… mola…”. Soy un tío de pensamientos básicos.
Ya he pedido a la gente que me quiere y a mi madre que se olviden de mi antiguo nombre. Quiero que me llamen Chichi. Porque Chichi es perfecto. Es un nombre que desprende alegría.
- ¡Eh, chicos, mirad! ¡Por ahí viene Chichi!
- ¡Hola, Chichi! ¡Siéntate, Chichi!
Es absolutamente imposible que te enfades con alguien que se llama Chichi.
- Hoy ha aparecido mi madre descuartizada y violada.
- ¿Quién le haría eso a tu madre?
- Ha sido Chichi.
- ¡Ja ja ja ja! Qué cosas tiene, Chichi…
- Jeje, sí… Debo reconocer que Chichi es la hostia.
Chichi es un nombre popular. Todo el mundo quiere saludar a Chichi.
- ¡Hasta luego, Chichi!
- ¡Tenemos que hacer más cosas juntos, Chichi!
- ¡Fecúndame, Chichi!
Además, es un nombre que contiene la ch y eso siempre es cómico. Demostración: ¿Cuál de estas dos frases es más graciosas?
- Un berberecho chino chupa chirimoyas con el chocho
- Un señor hace una cosa.
La primera, ¿verdad? Eso es por la sonoridad de la ch. ¡Y Chichi tiene dos! ¿No es maravilloso?
Ya lo sabéis. A partir de hoy, por favor, llamadme Chichi.