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Psicoanálisis

17 noviembre, 2003

Creo que ya os comenté que soy una persona muy ocupada. Otra cosa es que todo lo que haga durante el día sea de provecho, pero lo cierto es que paro poco en casa. Es por esto que mañana no podré asistir a mi cita con la Charo, mi psicoanalista.

Charo, guapa, sé que me lees, así que te dejo escrito aquí lo que te iba a contar mañana en tu consulta.

Creo que nos quedamos en el episodio del zoo, cuando caí a la jaula de los monos y fuí sodomizado por siete gorilas. Ya sabes, cosas de críos: a todos les ha pasado alguna que otra vez. Pero creo que fue a causa de estos animales peludos que tengo fobia a cierta clase de pelo. Por ejemplo, odio los peluquines. No puedo reprimir unas ganas increíbles de estirar del peluquín a la gente que lo lleva. Me da rabia que la gente no sepa admitir sus carencias. Aunque claro, cuando veo a alguien con un ojo de vidrio no tengo la imperiosa necesidad de sacárselo, y es el mismo caso. Una vez tuve un profesor con un ojo de vidrio. Era vizco, el cabrón. Si las miradas matasen, este hombre sería un peligroso psicópata, ya que mataría de dos en dos. Recuerdo que decía “Usted, salga a la pizarra”, señalando con la mirada. Entonces se levantaban varias personas que se daban por aludidas (el récord fue de cuatro personas). Este hombre era militar. Le echaron por ser un peligro. Solía decir “Yo, donde pongo el ojo, pongo la bala”. De hecho, debería decir “Donde pongo la bala, pongo el ojo”. Ese fue el origen de su ojo de cristal: se equivocó al coger el fusil y en vez de apuntar por la mirilla, puso el ojo en el cañón. Esta historia me causó otro trauma de joven: el servicio militar. No quería hacerlo. Me daba pánico. Me libré por inútil. Si no puedo sacarme el carnet de conducir, cómo querían que me sacara el carnet de conductor de tanques? Me salté un paso de peatones y maté a doce soldados. Pero claro, al no ir a la mili no maduré, no me hice un hombre. Eso ha causado que en algunos aspectos siga teniendo 7 años. Voy a las tiendas de golosinas y me vuelvo loco “Quiero uno de esto, uno de esto, uno de esto… Un fresquito, un chupachups, una cantimplora, unos labios, un dulcipica… Aaaah, los dulcipicas, qué buenos estaban. Aunque siempre me dio rabia el nombre. Como eran dulces y además picaban… ¿Cómo les podrían llamar? Dulcipica. Es como si el fabricante del papel higiénico que hay en la mayoría de lavabos públicos le llamara a su producto “limpirasca”, porque mira que rasca el hijoputa… A mí, cuando me toca soltar un ñordel en un lavabo público, me pone de mala leche. Y mira que yo nunca me pongo de mala leche. Y hoy, da la casualidad de que estoy de mala leche porque Catalunya sigue votando a CiU, y a m´eso no me gusta.

Conclusión: No me gusta CiU porque de pequeño fui sodomizado por siete gorilas.

Charo, contéstame vía mail, que aquí hay mucho chafardero. Ya te pagaré la sesión.

One comment

  1. :o Joder, y yo que creí que era parte del show…



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