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Necional Pajagraphic

11 febrero, 2004

NUEVA DELHI (AFP) – Cientos de personas acudieron a una boda entre dos árboles con la esperanza de ser bendecidos por Dios con lluvia. Nuestro reportero Borja Mondeyork estuvo allí para relatarnos el acontecimiento.

Tras siete años conviviendo en la Selva del Amazonas con los árboles (tiene cojones que me fuera allí huyendo de la telebasura y ahora he tenido que volver porque un día, meando, me encontré con Leticia Sabater) he aprendido a relacionarme con ellos.

Tan buena es mi relación con ellos que no me extrañó recibir un día una carta en la que se me invitaba a asistir a la boda entre dos árboles que conocí tiempo ha en Nueva Delhi. Cogí mis chirucas y me fui para allá.

El novio estaba muy nervioso. Le pregunté el por qué.

– Tengo miedo a que me deje plantado. – contestó.
– Tronco -intenté tranquilizarle. – Tú tranquilo. Vendrá.

En el fondo comprendo que al árbol le aterrorizara que le dieran calabazas. Siendo una palmera, si su mujer se presentaba y le daba calabazas no quedaría duda de que le había sido infiel. Porque ya me diréis en qué se parece un dátil a una calabaza. “Cariño… Este es tu hijo”, “¡No puede ser! ¡Es una calabaza! ¡Este hijo no es mío!”.

Hablando de bebés árbol, es curioso cómo se introduce al hijo en la educación sexual. Si bien entre los humanos utilizamos la metáfora “Papá puso una semillita en mamá”, entre los árboles esta expresiónr esulta totalmente obscena, y podría causar traumas en el niño. Ellos invierten la metáfora y educan a sus retoños explicándoles que “Papá le metió la polla a mamá por el potorro”, y se quedan tan tranquilos.

Volviendo a la boda, la novia se presentó con retraso, pero se presentó. En el convite tuve la mala suerte de sentarme al lado de un completo alcornoque, que no paraba de decir memeces. Cuando el novio llevaba tres copas de más (es sorprendente ver a un árbol con tantas hojas, ya que si de por sí su copa es frondosa, imaginen si lleva tres de más) cantó una saeta para todos los invitados. Siempre supe que tenía madera de artista.

Sin embargo, la cosa acabó fatal. Cuando les dí mi regalo se armó tal revuelo que tuve que huir. Nunca debí regalarles una cajonera tallada en madera de roble. No les sentó nada bien.

3 comentarios

  1. kiyooo, k yo creia k era una boda entre dos arboles..k la boda se celebraba entre los arboles!!… si es no te puedes fiar ni de lo k lees.

    Tsk tsk tsk..solo a ti se te ocurre regalarles eso… un buen regalo hubiera sido una sierra mecánica para podarse las ramas k sobran


  2. Pobrecillos. Seguro que al ver tu regalo se les quedó una cara de palo…


  3. Bah, en realidad poco importa. Se rumorea que ella es una ramera…



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