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Iguald

28 abril, 2004

Voy caminando por la calle y al girar la esquina, entre dos coches, un padre con su hija pequea en brazos, pantalones bajados (la nia), meando (la nia tambin) en medio de la calle. El chorro me apunta a m y tengo que sortearlo. Por mucho menos que eso, decenas de abuelos me han gritado e insultado cuando mi perra ha meado cuatro diminutas gotas en la acera.

Seor, ya que usted no tiene vergenza (habra que preguntarle a la pobre nia) y me planta a su hija despatarrada delante mo, encima no me mire con cara de “qu miras, pervertido!”. Pues miro, pedazo de cabrn, el instante justo en la vida de un nio en el que se crea un trauma.

Porque hay un acuerdo tcito entre mucha gente en que todo lo que hace un nio pequeo es moniiisimo. “Uy, la Vanessa se ha hecho caquita”. No seora, la Vanessa ha soltado un truo que debe andar escocida de lo grande que es. Vamos, como si la caquita de la nia oliera a rosas. Una mierda es una mierda, la cague quien la cague (Coio! Qu gran frase… No me importara pasar a la posteridad gracias a ella…).

4 comentarios

  1. Ni qu refutar, tienes los dedos rebosantes de razn.


  2. ja ja ja… que exagerado!


  3. Joder pa la nia….pregunta: edad de la criaturita?? porque si tenia 15 aos y el padre la estaba sujetando despatarrada para que meara, seria cuestion de denunciarlo por exhibicionismo pederasta….. :P


  4. cuando seas progenitor ya sabes. nada de que tus hijos orinen en la calle, ni si queira cuando esten haciendo botellon.



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