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La contra

7 diciembre, 2007

A mi madre le encantan las entrevistas que se publican en la contraportada de La Vanguardia. Estas entrevistas en la contraportada llevan el críptico nombre “La Contra” (¿Lo pilláis? Contraportada – Contra… Es sutil, pero confío en que lo sabréis ver). Mi madre cree que salir en La Contra (¡Coño! ¡Contraportada! ¡Si le quitamos “portada”, nos queda “Contra”! ¡La Contra!) es lo más alto donde alguien puede llegar. Así que, como nunca me van a entrevistar estos pájaros, he decidido coger las preguntas de la entrevista de ayer y contestarlas yo, hasta para darle un gusto a mi madre.

(Llego con un niñito negro y otro paquistaní para que los periodistas vean que soy una persona que me integro, que trabajo por la igualdad y los derechos humanos)

– Supongo que los puso a trabajar.
– Eeeeh… Bueno, al negro le he pedido que me haga un balón Nike, y al morito le he pedido un shawarma, pero de ahí a meterles a trabajar…
– Son menesteres de poco valor añadido.
– Tiene razón, oiga. Estoy dando de comer a estos dos parásitos, ¿y no voy a recibir nada, yo? A tomar por culo. Mogambo, Yussuf, de cabeza al Carrefour, que hay vacantes de reponedores. (Los niños se van) Tanta igualdad y tanta pollas. ¿Qué somos, maricones?
– Hasta aquí llegó su fama.
– No oiga, que era una expresión, que yo no soy maricón… Bueno, gay, que le dicen ahora. Yo no soy de esos. A mi me gustan las mozas, las jamelgas de buen ver… Si inscribí a mi madre en un programa de protección de testigos, porque si la pillaba me la follaba, je je je…
– Y aquí también la inscribiremos.
– ¿Qué quiere decir con eso? ¿Y por qué se coge el paquete cuando se refiere a mi madre=
– Bergamín era sabio.
– ¿Benjamín? ¿Cómo sabe lo del Padre Benjamín? Era el párroco de mi ciudad, y sí, lo pillé una vez en actitud cariñosa con mi hermana. Y sí, vale que después del Padre Benjamín también se acostó con el monaguillo, pero mi hermana es una santa, y si lo hizo fue por amor a Cristo.
– Yo les hubiera cobrado por adelantado…
– ¿Está usted llamando puta a mi hermana? Mi hermana nunca cobró por follar, ¿entiende? Por lo menos a los párrocos.
– ¿Y qué decía el obispado a todo esto?
– El obispado sólo decía si yo podía salir de la habitación. Tenía por costumbre espiar a mi hermana cuando fornicaba. Pero cambiemos de tema, que me estoy incomodando. Voy a tomarme un café. ¿Me pasa el azúcar?
– ¡Qué lejos – ¡ay!- queda todo aquello!
– Es usted bastante vago. Ya me levanto yo, hijo, no vaya a ser que se hernie… ¡Ay! Me he dado con el pico de la mesa. Me va a salir un cardenal…
– No sé si los cardenales hoy llaman así.
– Uy sí, el filólogo. Vale, igual está más extendida la expresión “me va a salir un morado”, pero le aseguro que cardenal se sigue usando. Por lo menos en mi familia.
– ¿Trabajaban ustedes en las calles?
– ¡Y dale, con el tema de la prostitución! Voy a poner los 40 Principales a ver si escuchando buena música se inspira y me hace otro tipo de preguntas.
– Hoy esa radio navega con otros vientos.
– Estoy de acuerdo. Desde que Tony Aguilar se puso como una foca, los 40 han dado un bajón importante.
– Era usted un cura yeyé.
– No, creo que se equivoca. El cura yeyé era el Padre Benjamín. Pero, por el amor de Cristo, cambie de tema. Pregúnteme otra cosa. No sé, pregúnteme por cuando trabajé en un club de carretera, como showman.
– Y usted sirvió lentejas a los hombres.
– ¿Qué clase de perversión es esa? Mi trabajo allí era hacer un espectáculo, para que los camioneros que allí iban fueran personas un poco más felices.
– ¿Lo fueron?
– Eh, sí, pero no gracias a mí, sino a Ivana, una prostituta del este que hacía verdaderas maravillas.
– Jolín.
– Sí, su lema era “si mi pinza birmana no te pone palote, te lo devuelvo todo”. El truco era en que no decía qué es lo que devolvía. La gente se pensaba que era el dinero, pero no, si no te gustaba su pinza birmana, te potaba. Luego se fue a EEUU y montó una taberna.
– En Washington su taberna era trendy.
– Bueno, depende de lo que se entienda por trendy. Que te vomiten en la cara, no es plato de buen gusto para casi nadie. Pero el negocio le fue bien a Ivana. Tanto que contrató a mi hermana y mi madre para que le ayudaran con los clientes.
– Otros que igual se iban sin pagar.
– Ya le he dicho que lo hacían por amor al arte, no por prostitución… O por lo menos, si cobraban, yo nunca vi un duro… Fui con el mismo chándal desde los 8 hasta los 22 años. Si hubieran ganado algo de dinero vendiendo su cuerpo me hubieran regalado un chándal nuevo.
– ¿Y ahora se ha metido a novelista?
– ¿Mi madre? Sí. Ha escrito sus memorias. “Memorias de una puta con alzheimer”. Son dos páginas.
– ¿Y tiene tiempo para escribir?
– No mucho. Me escribió una postal que decía “Tu hermana quiere dejar ‘el negocio’. Espero que estés en contra”. Por eso interpreté que su sueño era ver a su hijo en La Contra.

3 comentarios

  1. A mi no me gusta La Contra…basicamente porqué no leo La Vanguardia, pulutan, no leo La Contra, pero esta Contra (recontrasopla!! valga la redundancia con tanta Contra!! Esto parece un contra ataque!!!) me ha gustado mucho. Tu madre estará orgullosa de ti!!!


  2. Ya era hora que alguien desenmascare a los farsantes de la sobrevaloradíssima La contra de la Vanguardia.

    No sé si han oido nunca una entrevista a Ima Sanchís. Yo si y parece de los mas imbécil y pedante del mundo.


  3. […] La contra (entrevista)pajasmentales.wordpress.com/2007/12/07/la-contra/ por Señor_Pepino hace pocos segundos […]



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