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El poder del peo

15 enero, 2008

Hace poco leí en el blog de Berto cómo acabar con una conversación cualquiera, gracias a la fórmula Misco: “x + mis cojones”, donde x es la última parte de la frase que acaba de decir tu interlocutor.

Ejemplo:

– Creo que Lucía Etxebarría sabe retratar muy bien la soledad humana.
– Soledad humana, mis cojones.

Por otro lado, en el blog Pastiche de Fanfarrias, el blog con el título más pretencioso de la red, y ella lo sabe, se comentaba el uso de la sublime expresión “Uy sí”. Nunca cuatro letras han sido tan despectivas, y con un modo de utilización tan sencillo.

Ejemplo:

– Creo que voy a leerme el último libro de Lucía Etxebarría.
– Uy sí, el que lee.

Para un análisis más complejo del “Uy sí”, os remito al post en cuestión.

Bien, mi pequeña aportación al mundo de las coletillas, es el siguiente. ¿Nunca habéis explicado una anécdota que pensáis que es la monda, para, conforme llega el final de ésta, daros cuenta de que es una mierda de anécdota? Eso se nota cuando has creado mucha expectación, todos te miran, sonriendo, predispuestos a soltar la carcajada, pero tú, conforme avanzas en la historia, sabes que defraudarás y quedarás como un imbécil.

Ejemplo:

¿Que tú te caiste a la jaula de los cocodrilos y te arrancaron un brazo? Lo mío es peor. (error número 1. Nunca digas ‘lo mío es peor’, porque seguramente no lo sea). Vais a flipar. Un día, estaba en mi casa, de noche, solo, y oigo un ruido, ¿sabes? Y yo, cagado, me levanto… Y… Eeeeh… (Aquí, amigos, en este justo momento, uno se da cuenta de que su anécdota es una ñorda)… Fui a ver qué era… eeh… y era… el microondas, que había sonado…

El silencio. El bochorno.

Bien, os presento el método infalible para cuando os pase esto. Se trata de añadir sólo 7 palabras. 7 palabras descacharrantes que harán que vuestros interlocutores rían a carcajada limpia. Tomen nota, señores, porque nunca falla.

(…) Y llego al hospital, me mira el doctor, abre los ojos, y dice, muy serio el… eeeh…. uuh… Me dice… ‘estás bien, no te pasa nada’. (Silencio) Y al final me tiré un peo“.

Sí, amigos: algo tan sencillo como añadir a tu patética anécdota de mierda la expresión “Y al final me tiré un peo” tiene consecuencias chisporroteantes. Siempre hace risa un peo. Es igual si estás entre colegas o si estás en una entrevista de trabajo. “Sí, dejé aquella empresa porque no me sentía realizado, buscaba nuevos horizontes… Y al final me tiré un peo”.

Pruébenlo, amigos. Cuando su anécdota sea un cagarro, recurran a la fuerza del peo. Ya me contarán.

7 comentarios

  1. Este post, a parte de ser la monda, está repetido dos veces.
    ¿Quieres decir eso que es doblemente bueno o que le diste dos veces al botón “publicar”?


  2. Arreglao!
    Eso quiere decir que no iba borracho, sino que realmente se había publicado doble.

    Un abrazo!


  3. Jajajaja…! Buenisimo!


  4. Si ademas de decirlo, el pedo te lo tiras de verdad y te cagas encima, el resultado es infinitamente mejor.

    Uy sí, el gracioso. Mis cojones.


  5. JAjjajjajjAjJa la ostia en bicicleta!!


  6. […] en pajasmentales, Berto y Pastiche de Fanfarrias, me acordé de mi querido “ea” y qué bien sonaba […]


  7. hola, me tire un peo y me pajeo todo el dia



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