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Enrique Vilches, una retrospectiva

22 diciembre, 2013

Poca gente recordará a Enrique Vilches cuando muera. El mundo del arte no rendirá tributo a este genio maldito. No recibirá los honores que merece. Sirva este post como enmienda a semejante injusticia.

Seguramente su nombre no os diga nada, pero su obra es más conocida de lo que os pensáis. Prolífico como pocos, Vilches viaja cada año desde su Cebreros natal hasta el Teatro Real de Madrid, donde cada 22 de diciembre presenta en sociedad su nueva performance ante un público poco atento, más pendiente del Gordo de Navidad que de la mordaz crítica de la miseria humana.

Dada la amplitud de su obra, me centraré en su etapa más tardía, que abarca de 2010 a 2014.

A principios de década, el gran Vilches se presentaba al Teatro Real con una de sus obras más impactantes, a la que tituló “Belén Esteban”

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“Soy Belén Esteban y vengo buscando la fortuna”. Escueto y demoledor a partes iguales. La actuación de don Vilches causó auténtico revuelo entre los presentes, dada la precisión de la caracterización. Muchos pensaron que se trataba de la auténtica Princesa del Pueblo. Boom. Bofetón en la cara a todo un país.

En 2011, Vilches optó por una línea continuísta y deleitó a los madrileños con su magna obra “Duquesa de Alba”.

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“Soy Enrique Vilches de Cebreros, y con gran admiración hoy la representa DUQUESA DE ALBA, y con su suerte EL GORDO obtendré”. Bellísima composición lírica de rima (muy) libre que hizo llorar a más de uno. Esta vez fue acompañado por un aprendiz del Maestro que interpretaba a Alfonso Díez, marido de la Duquesa. Tal fue la admiración de esta representación que nadie reparó que a su lado estaba el alto de El Dúo Sacapuntas.

Este año fue recordado por la proliferación de jóvenes talentos que intentaban imitar al genio Vilches. La Generación de 2011, como se les bautizó, no logró hacer sombra al Mortadelo de Cebreros, pese a lo interesante de sus propuestas.

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Y mi favorito, el ecuatoriano Lenin:

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Y llegó 2012. La cima creativa de Don Enrique. Un antes y un después en su obra. Después de su Homenaje a Miliki ya nada volvió a ser lo mismo.

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No pocos críticos de arte rechazaron frontalmente el texto que lucía Enrique: “Soy Enrique Vilches de Cebreros. Vengo vestido de “Miliki” para rendirle un homenaje, que me toque el Gordo y al año que viene venir de traje”. Consideraban que al rimar “homenaje” y “traje”, Vilches se había vendido, se había vuelto demasiado comercial. Pobres diablos. No entendieron que era eso precisamente lo que criticaba.

Un olvidado vídeo en Youtube da fe de lo incomprendido que era El Maestro. ¿Adelantado a su tiempo? Seguramente. (Nota: Vilches aparece dos veces en el vídeo. Recomiendo encarecidamente verlo entero, por ser un auténtico retrato de España).

Y con 2013 llegó el drama. Don Enrique Vilches de Cebreros, ya octogenario, acusa los recortes en cultura. La crisis ha hecho mella de forma considerable en su obra, y nos muestra a un genio en decadencia. Una sombra de lo que fue. Su obra “Vengo de campesino” fue recibida con frialdad por los círculos artísticos de Madrid. La buena noticia es que se intuye un relevo generacional en su acompañante, que eclipsó totalmente al Maestro.

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En nuestra mano está que Don Enrique Vilches de Cebreros reciba el reconocimiento que merece y no fallezca en la indigencia, convirtiéndose en el Van Gogh de nuestra época. ¡Suerte, Maestro!

One comment

  1. Yo creo que viene siendo hora ya de una entrada.



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